Alejandro Magno. Crisis del Imperio.



Hombre de valentía extraordinaria y conquistador implacable. Ha sido uno de los más grandes líderes que ha visto la historia. Fue capaz de conquistar el Persia, Anatolia, Fenicia, Gaza, Siria, Egipto, Mesopotamia, Judea y muchos territorios más, ampliando las fronteras de su propio imperio.

Una de sus grandes cualidades es que nunca se quedaba estático, siempre deseaba más. gracias a la educación excelente que recibió de uno de los grandes maestros de toda la humanidad: Aristóteles. Este gran pensador griego hizo de Alejandro un ser con ansias de trascender, de romper todos los límites.

Alejandro III de Macedonia fue reconocido y tratado como un Dios por su seguidores, quienes se referían a él con el sobrenombre de “Magno”; también fue temido y odiado por muchos enemigos, quienes preferían llamarle el “maldito”. Era un hombre robusto, aunque de corta estatura; quizá midiera poco más de metro y medio.

La piel clara de su rostro, sin rastro alguno de barba, y su melena larga y rizada le concedían un porte atractivo, que se combinaba con una mirada absolutamente penetrante. Esta última características, que tanto resaltan los historiadores, al igual que el hecho de que solía ladear la cabeza ligeramente a la izquierda, han llevado a sospechar algunos investigadores que Alejandro pudo padecer un trastorno de la vista conocido con el nombre del síndrome del Brown.


Cierto o no, nada le impidió convertirse en uno de los más grandes conquistadores de la historia de la humanidad, llegando extender su imperio hasta los mismos confines de la india.

Filipo II de Macedonia

Alejandro admiraba el don que su progenitor tenía para plantificar los combates, pero al mismo tiempo sentía una necesidad irresistible de competir con él y superarles en conquistas. El reinado de su padre Filipo II comenzó el año 359 a.C, cuando ascendió a un trono que llevaba ya mucho tiempo vinculado a su familia.





El monarca formó un ejército muy eficaz. Entre los distintos cuerpo militares sobresalía la falange macedónica, un grupo de infantería de gran movilidad que iba armado con picas de piedras que podían llegar a tener una longitud de hasta 5 metros; junto a éstos, especialmente temidos resultaban los denominados “compañeros”, que construían un cuerpo de caballería de élite.

Filipo II contrajo varios matrimonios; el primero de ellos tuvo como protagonista a una princesa del Epiro llamada Olimpia. Ella le concedió al rey su primer hijo varón, Alejandro, que nació en la corte macedónica de pélla hacia el 20 de julio del año 356 a.C.

Las relaciones entre Filipo II y su hijo estuvieron cargadas de tensiones. El rey quería que su heredero fuera un guerrero duro y osado. Entre tanto, su madre lo inculcó su gran pasión por la Íliada de homero y le hizo creer que descendía del gran héroe Aquiles.

Por orden del rey, el gran pensador Aristóteles ejerció de tutor de Alejandro. El muchacho disfrutaba de las enseñanzas del filósofo, pero prefería la acción.

En agosto del año 358 a.C. Alejandro lideró a los compañeros en la batalla de Queronea, donde obtuvo un gran triunfo al derrotar al batallón sagrado, la unidad de élite de los tebanos. Entre tanto, Filipo II pretendía atacar al imperio persa para arrebatarles las ciudades griegas que los persas habían invadido un siglo y medio antes. Pero no logró hacerlo personalmente, puesto que en el año 336 a.C. murió asesinado por uno de sus oficiales.

Conquista de Alejandro Magno

Alejandro tenía veinte años cuando sucedió a su padre en el trono de macedonia. Al frente de un ejército compuesto por 6.000 soldados de caballería y 43.000 de infantería, el nuevo monarca inició en el año 334 a.C. su campaña contra el imperio persa. Al considerarse un héroe digno de la íliada, Alejandro necesitaba un antagonista y ése fue Darío III, el rey de Persia, al que sometió a un acoso implacable.




Tras la batalla del río Gránico (hoy llamado Kocabas) y liberar las ciudades de Éfeso, Magnesia y Priene, Alejandro cambió de rumbo y llevó a sus tropas hacia las costa oriental mediterránea, siguiendo la pista de su enemigo. El encuentro entre ambos se produjo en las proximidades de Issos, cerca de la frontera entre Turquía y Siria. A pesar de que las tropas macedónicas eran inferiores en número y llevaban a sus espaldas varios días de marcha frenética, Alejandro abrió brecha entre los persas y puso en fuga a Darío el grande.

Alejandro y los suyos se encaminaron después hacia a Egipto, territorio que llevaba casi dos siglos bajo el control de Persia. Su entrada en Menfis fue espectacular. La actitud de Alejandro no hizo sino aumentar su popularidad entre la población, ya que se dedicó a restaurar templos parcialmente destruidos por los persas, como el de Luxor, y a venerar a los dioses egipcios. Con tan sólo veinticinco años, Alejandro fue proclamado faraón de Egipto. Antes de proseguir su campaña por Asia, peregrinó hasta el oráculo de Ammon (siwa), donde fue recibido como hijo de Amón-ra., lo que afirmó en el rey la creencia de su origen divino.

El primero de octubre de 331 a.C. Alejandro volvió a enfrentarse a Darío en la llanura de Gaugamela, en la alta Mesopotamia. Con una estrategia demoledora, provocó el caos entre la aparentemente inexpugnable formación del ejército persa. Darío tuvo que huir de nuevo y permitió que su contrincante marchase triunfante sobre las principales persas. En 330 a.C Pers polis, la capital sagrada del imperio persa, fue desvastada por las tropas de Alejandro. El conquistador salió poco después a la casa de Darío, pero éste había sido capturado y herido normalmente por una trampa de Bacteria llamada Besso.

Los agotados soldados de Alejandría creyeron que la extenuante campaña bélica había llegado a su fin. Pero Alejandro encontró enseguida nuevos enemigos, sobre todo entre los bactrianos. Sin embargo, los años de luchas y fatigas comenzaron a hacer mella en el propio rey.

Aunque ya poseía un imperio de dimensiones extraordinarias, Alejandro no se preocupó de protegerlo y administrarlo debidamente. Incluso muchas de sus conquistas las dejó en manos de nativos que habían prometido serle fieles.

En la primavera del año 327 a.C sus 75.000 hombres lucharon contra las fuerzas de Poro, un temible rey que gobernaba un extenso territorio del Punjab. La batalla fue brutal y en ella los guerreros de Alejandro se tuvieron que ver las caras con los elefantes de guerra que llevaban los indios. A pesar de sufir un número importante de bajas, Alejandro venció.

Crisis del Imperio

Establecido en Babilonia mientras diseñaba una expedición a Arabia, enfermó gravemente. El 10 de junio de 323 a.C, próximo a cumplir 33 años, Alejandro Magno quizá murió víctima de la bebida, de la malaria o de una úlcera perforada.

Su muerte marcó el inicio del período helenístico, en el que la cultura griega se expandió desde el Atlántico, en Occidente, hasta el valle del Indo, en Oriente.

Dicho período perduró durante más de trescientos años, hasta que Egipto cayó ante Roma en el año 31 a.C.

En realidad Alejandro Magno no es el mejor ejemplo de moral y paz. Sin embargo, Alejandro realmente buscaba cumplir sus objetivos, así como tú estás buscando que tus ideales se cumplan.

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