martes, 7 de febrero de 2012

Infecciones del tracto urinario. Consejos preventivos. Mujeres y hombres.



Las infecciones del tracto urinario son tan comunes que la mayoría de la gente tendrá al menos una en el transcurso de su vida. Son molestas y, por lo general, se repiten.
Aunque los hombres también son susceptibles, sobre todo al avanzar su edad, las más afectadas son las mujeres.

Tanto, que muchas incluso hacen caso omiso de ellas, considerándolas un fastidio pasajero que a veces desaparece espontáneamente.Esto es un error, lo aconsejable es consultar apenas aparezcan los síntomas.

La infección urinaria puede diseminarse con rapidez dentro del tracto urinario. Aunque la autoayuda contribuye a prevenirla, una vez declarada debe tratarse médicamente.

El tracto urinario está constituido por la uretra, vejiga, uréteres y riñones. Una infección puede afectar cualquiera de estas estructuras. Generalmente, ésta entra a través de la uretra y asciende a contracorriente hacia los riñones. A nivel de la uretra se denomina uretritis. Si afecta a la vejiga se llama cistitis. Cuando los riñones son los afectados, el paciente sufre una pielofrenitis.

La cistitis es la forma más común de infección. Una vez establecida a nivel vesical puede diseminarse a los riñones, desencadenando la pielofrenitis. Esta condición aunque menos corriente, es severa y, muchas veces, requiere de una rápida hospitalización.


La bacteria EsterichiaColi es el germen causal más frecuente. Normalmente habita el intestino grueso y al introducirse en el tracto urinario suele causar infección.
Los microorganismos del intestino pueden recorrer fácilmente la corta distancia hasta la uretra y ascender a través de ella, hasta la vejiga.

La vejiga, entonces, se transforma en un excelente medio de cultivo de bacterias, especialmente cuando no se vacía por completo. La orina acumulada permite la multiplicación bacteriana.

Contrariamente a lo que muchos creen, las infecciones urinarias no se transmiten en la relación sexual.


Hay condiciones que hacen a las mujeres más proclives a este tipo de infecciones. Entre ella se incluyen:

Vejiga prolapsada: Si los músculos que la sostienen están debilitados, ésta puede descender ahacia la vagina, haciendo más difícil o imposible su vaciamiento completo. Este factor es más común en mujeres de edad avanzada o aquellas que han tenido varios hijos. Los médicos se refieren a esta infección como cistocele.

Irritación de la uretra: Entre los irritantes se encuentran el traumatismo generado por el parto, cirugía, caterización, un aumento brusco de la actividad sexual( “cistitis de la luna de miel”), sensibilidad a algunos jabones.

Menopausia: Los cambios hormonales ocurridos en este período pueden volver a la uretra menos resistente. Los tejidos que la rodean se adelgazan y pierden humedad; la barrera levantada en esa zona se hace, entonces, menos efectiva frente a la invasión bacteriana.

Síntomas infección urinaria

No es difícil identificar los síntomas de una infección urinaria. Entre estas figuran:

Dolor al orinar(disuria): al hacerlo se produce una sensación quemante que a veces dificulta la micción.

Urgencia y frecuencia: los deseos de orinar se tornan más urgentes y frecuentes. Sin embargo, el afectado sólo emite una pequeña cantidad.

Manifestaciones como ésta, acompañadas de escalofríos, fiebre, vómitos, dolor abdominal o en la espalda, indican que la infección puede haberse diseminado a los riñones.

Infección urinaria hombre


Si bien es cierto que las mujeres desarrollan infecciones del tracto urinario a edades más tempranas y con mayor frecuencia, los hombres también pueden contraerlas.

Su síntoma clásico es la dificultad para orinar, lo que va acompañado de sensaciones dolorosas.

Aunque se experimente la urgencia, cuesta evacuar el líquido, el que se expulsa en pequeñas cantidades. Y al poco rato retorna el deseo.

Adoptando los cuidados necesarios, la mayoría de estas infecciones no son peligrosas. Sin embargo, la preocupación debe aumentar cuando todas estas molestias se acompañan de dolores abdominales o de espalda, escalofríos, fiebre o vómitos. El riñón puede estar comprometido.

Al igual que en las mujeres, la causa más común de este tipo de infecciones es la EscherichiaColi, residente habitual del intestino y que migra a través del sistema linfático hasta la vejiga. Pero hay otros factores que también pueden predisponerlo.

Problemas prostáticos: La próstata es una glándula del tamaño de una nuez localizada bajo la vejiga y alrededor de la uretra. Cuando aumenta de tamaño y comprime la uretra, impide el vaciamiento vesical completo. La orina residual puede constituir un medio de crecimiento adecuado para las bacterias.

El aumento de tamaño de la próstata se asocia al proceso normal del envejecimiento, no así la infección.

Por otra parte, la glándula secreta proteínas al líquido seminal, las cuales tienen propiedades antibacterianas. Una producción disminuida o ausente aumenta la susceptibilidad al ataque bacteriano.

Procedimientos médicos invasivos: Los catéteres urinarios, especialmente los instalados por varios días, suelen introducir bacterias al tracto urinario, sobre todo en el momento de su inserción.

Uretra de menor calibre: La inflamación frecuente de la uretra (uretritis) puede cicatrizar y provocar un estrechamiento de la misa. Se la denomina estenosis uretral.

Antes se pensaba que este trastorno era causado por episodios recurrentes de uretritis, asociados a enfermedades de transmisión sexual, como la gonorrea. Hoy se relaciona más con el uso de catéteres y otros instrumentos que exploran o tratan problemas urológicos.

Deshidratación: Una ingesta inadecuada de líquidos puede favorecer ala formación de una orina concentrada. Un clima caluroso lleva a la deshidratación.

Diagnóstico infección urinaria

El diagnóstico se basa en análisis de los síntomas y test urinarios, los que incluyen uno de sedimento urinario para detectar la posible presencia de pus(leucocitos) en la orina.

Un urocultivo es otra determinación de rutina. Sirve para identificar a la bacteria causante, lo que ayuda al médico a seleccionar el tratamiento efectivo. Ambas pruebas son relativamente sencillas de realizar.

Aunque al ingerir una gran cantidad de líquidos puede contribuir a la prevención y tratamiento de esta enfermedad, no conviene tomarlos en exceso antes de estos exámenes. Diluyen la muestra de orina, disminuyendo la confiabilidad de los resultados.

Los médicos diagnostican una infección urinaria mediante los síntomas y exámenes, que incluyen análisis y cultivo de orina.

El especialista suele recetar un antibiótico de amplio espectro y una droga de tipo sulfa. Generalmente, los síntomas remiten luego de algunos días, pero hay que asegurarse de tomar la medicación prescrita.

Consejos preventivos

Diversas acciones, contribuyen a evitar la molesta enfermedad:

Limpiar desde el frente hacia atrás: La higiene correcta después de orinar evita que las bacterias tomen contacto con la uretra.

Vaciar frecuentemente la vejiga: Hay que hacerlo apenas aparezca el deseo de orinar. Las mujeres que son más proclives ala infección recurrente tienden a ser “retenedoras” en vez de “vaciadoras”.

Vaciarla completamente es otra obligación. También es recomendable hacerlo después de las relaciones sexuales.

Ingerir abundante líquidos: 6 a 8 vasos por día diluyen la orina y evitan su estancamiento

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