viernes, 24 de febrero de 2012

Maternidad responsable. Matrimonio y convivencia.



El hecho de que la naturaleza haya capacitado a la mujer para la maternidad no significa que deba ni sepa ser madre, sino que puede ser madre. La fuerza del instinto maternal no siempre es suficiente para ser una buena madre en el sentido de ser una madre mejor.

El amor maternal instintivo se perfecciona cuando se acompaña con la maternidad cultural. La higiene, la nutrición y la educación del hijo se basan en normas científicas que no están escritas en los instintos maternales. La maternidad cultural rellenas los espacios que la naturaleza deja en blanco y reafirma los lazos naturales que unen a la madre y al hijo.

La maternidad responsable es la consecuencia de la maternidad cultural. Por ello la maternidad misma debería ser una consecuencia de la maternidad responsable.

Antes de ser madre, se debe ser primero plenamente mujer. Aunque la maternidad es una de las funciones que más puede satisfacer y colmar la existencia femenina, no constituye la única función en la vida de la mujer. La propia realización como personas es más importante que la misma maternidad.

La maternidad es sólo una parte profunda y hermosa de lo femenino. Considerarla como el todo en la vida de la muer sería convertir a la mujer en un instrumentos destinado sólo a la perpetuación de la especie.

El acto físico de haber tenido hijos no es suficiente para ser una auténtica madre. Cumplir con la función genital puede transformar en madre a una hembra; pero, a menudo esta consecuencia no es suficiente para dar a la madre valores de mujer.

Una persona que no sea auténticamente mujer difícilmente podrá ser al propio tiempo auténticamente madre.


La maternidad responsable no es la que limita sólo el número de hijos. No es una simple cuestión demográfica ni de medios económicos: la maternidad responsable es un estado de armonía interior. La maternidad es la riqueza de la mujer.

La maternidad cultural se crea mediante la formación de la personalidad, la madurez psicológica, la capacidad de afecto, la riqueza de espíritu y la educación familiar. Con nada de esto nace la mujer. Estos bienes debe adquirirlos para ser una madre verdadera.

Matrimonio entre adolescentes

El matrimonio entre adolescentes, salvo en casos muy excepcionales de madurez mutua no produce uniones con las mismas posibilidades de acierto a que deben aspirar el hombre y la mujer adultos.


Con frecuencia las chicas preguntan a qué edad una muchacha se encuentra fisiológicamente en condiciones para casarse. La edad fisiológica para la mujer es aquella en que está ya capacitada para procrear.

Bajo este estricto punto de vista fisiológico, debe esperarse a que se realice el desarrollo corporal y el orgánico iniciado en la pubertad: crecimiento de los órganos genitales, desarrollo de los caracteres sexuales, actividad hormonal, ovulación, menstruación, etc., que constituyen el anuncio de la capacidad para la procreación.

Sin embargo, no siempre estos síntomas son durante algún tiempo la evidencia de que la muchacha puede procrear.

Con frecuencia, la futura mujer está sólo preparándose para la maternidad, pero aún no es fecunda.

Aunque una adolescente esté fisiológicamente capacitada para tener hijos, todavía no está preparada psicológicamente ni para ser madre ni para ser esposa.

Además hoy toda una mujer necesita instruirse, lo mismo que el hombre, para disponer de una profesión que la proteja económicamente y debe adquirir el nivel cultural adecuado para realizarse como persona. En la adolescencia es muy difícil que se hayan alcanzado estas metas.

Las desventajas son:

  • Fisiológicas: La muchacha no ha terminado completamente de desarrollarse: está en pleno crecimiento. La posible maternidad es una carga difícil que se añadirá al proceso del desarrollo físico.
  • Morales: La chica carece todavía de vivencias suficientes para aportar los valores individuales necesarios para constituir una familia.
  • Psíquicas: Se halla aún sometida a los desequilibrios emocionales propios de la pubertad. La inestabilidad natural de la adolescencia es una base inadecuada para la necesaria armonía en la relación conyugal.
  • Espirituales: Se encuentra en este aspecto en igual proceso de evolución y desarrollo. Difícilmente dispondrá de fortaleza y serenidad de ánimo para afrontar las circunstancias incómodas de la vida.
  • Domésticas: Aunque una chica haya dejado ya de jugar con sus muñecos, todavía está aprendiendo muy despacio a ser una mujer. La responsabilidad y el peso de un hogar son una carga demasiado dura para tan tiernos años.
  • Conyugales: La adolescente carece aún de personalidad definida. A esa edad, las posibilidades de una acertada elección de esposo dependen más del azar que de correctas convicciones.

Es corriente que, entre adolescentes, en la elección intervengan primordialmente el atractivo físico, el deseo de independizarse de los padres y el afán de libertad y diversiones. Generalmente, ignoran en absoluto la abnegación y los sacrificios frecuentes que encierra la vida en común.

Y en qué cuantía el hombre y la mujer deben mutuamente ceder sus derechos, y aceptar el esfuerzo diario que implica la recíproca adaptación.

Desadaptación en el matrimonio

Una consecuencia de la desadaptación son los malos modos y quizás los malos tratos, entre los cónyuges. De la educación y la cultura depende la acidez o el frío de los modales se conviertan en grosería o en golpes.

Dichas actitudes extremas no son raras cuando la pérdida del mutuo respeto se produce, como un primer gravísimo mal paso en la relación conyugal.

El aburrimiento es otra rápida consecuencia de la desadaptación. Marido y mujer bostezan cuando están a solas. “La soledad de dos en compañía” se hace entre los cónyuges inmensamente triste. Para poder permanecer juntos necesita cada uno poner el pensamiento lejos del otro.

Pronto cada cual hace vida independiente, a veces con quebranto de la dignidad que se debe como esposos. Primero la infinidad mental, después el adulterio, pueden ser los eslabones subsiguientes en la cadena de tedio que ata a los cónyuges mal emparejados.

Hoy, en la sociedad de las grandes urbes, y en el dinamismo creciente de los pueblos rurales, resulta un absurdo que los jóvenes se casen antes de estar aptos para competir en la lucha por la vida. Hacen falta largos años de preparación, que toman toda la juventud del hombre y la mujer, a fin de realizarse para ejercer como ciudadanos y constituir una familia.

Dentro de la actual cultura, es evidente que las parejas mutuamente en sus profesiones respectivas están más compenetradas entre sí y son más felices que lasa desvinculadas por falta de intereses comunes, metas recíprocas e ideales similares.

La conjunción de propósitos frente a la vida es quizás, una de las fórmulas más eficaces para mantener renovadamente la unión matrimonial.

2 comentarios:

Anónimo dijo... [Responder]

muy interesante!1

Anónimo dijo... [Responder]

ES REGULAR EL ATÍCULO

Publicar un comentario en la entrada