Turismo en Granada. Alhambra.



Imaginemos una ciudad donde la poesía se haya materializado en piedra; supongamos una localidad cuyas calles estén permanentes recorridas por la magia y el embrujo; creamos en una ciudad cuya belleza haya sido capaz de domesticar y poner a su servicio la luz y el agua.

Unamos todos estos atributos y descubriremos Granada, pequeña urbe que se arremolina con orgullo a los pies de la Alhambra, unos de los monumentos más impresionantes de España. Porque hablar de Granada es hablar de Alhambra, como hablar de Alhambra es hablar de Granada.

Orgullosa y altiva, desde la torre de la vela, desde el salón de los embajadores o desde la torre Ismail del Generalife, la Alhambra vigila y preside una ciudad que la mira con respeto, pues la sabe reconocer como su reina, como su joya más preciada.


Visitar Granada

Al visitar Granada por primera vez, hay que acercarse a la plaza nueva y a la carrera del Darro y, al llegar, al levantar la vista para contemplar la fuerza e inmensidad de Alhambra. De momento, esto es suficiente.

El turista siempre ha de empezar su recorrido por la ciudad vieja que se extiende a ambos lados de la avenida de los reyes católicos, así como las empinadas calles de los barrios del Albayzín y el Sacromonte. De otro modo, el visitante jamás podrá comprender la complicidad que existe entre este monumento y la ciudad que se ha rendido a sus pies.


La ciudad es generosa en monumentos renacentistas, debido precisamente, a la fuerza expansiva de la Alhambra, que empequeñece todo lo que tiene a su alrededor. En la cripta de la catedral reposan los restos de los reyes católicos; no deja de ser irónico que precisamente aquí, en esta ciudad presidida por la Alhambra, el mejor legado que los árabes dejaron en España, decidieron reposar aquellos que los expulsaron.




Si te cansas del recorrido puedes hacer una parada en el campo del príncipe y entrar en todas las cervecerías y bares que el cuerpo permita aguantar, pues en esta plaza, entre tapita y tapita, tú puedes conocer de cerca, en su propio ambiente, a los granadinos.

Los granadinos son gente amable y divertida, que se encargan de recordar siempre que ésta es una ciudad con una rica vida cultural universitaria, donde el flamenco, lejos de estridencias, es aquí embrujo puro.

Si el cuerpo te permite llega a subir por las empinadas callejuelas del Albayzín y contemplar las paredes perfectamente encaladas de las casas que parecen amontonarse unas encima de otras para así poder dar espacio a verdes jardines sólo intuidos desde la calle. Este barrio de la Granada musulmana, oficialmente desaparecida desde hace más de seis siglos, pero que sigue existiendo de manera completamente tangible.

Alhambra

Millones de personas visitan cada año la Alhambra de Granada, es uno de los monumentos más visitados de Europa.

La Alhambra es una ciudad amurallada que ocupa la mayor parte del cerro de La Sabika. La Granada musulmana tenía su propio sistema de amurallamiento, por tanto la Alhambra podía funcionar con autonomía respecto a la ciudad. En la Alhambra se hallaban todos los servicios propios y necesarios para la población que vivía allí: palacio real, mezquitas, escuelas, talleres, etc.

El Comité del patrimonio mundial de la Unesco declaró la Alhambra y el Generalife de Granada como Patrimonio de la Humanidad el 2 de noviembre de 1984 y cinco años después, el barrio de Albayzín, antigua ciudad medieval musulmana, obtuvo la misma denominación como extensión de la declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad de La Alhambra y el Generalife.




La Alhambra fue uno de los 21 candidatos finalistas para ser una de Las nuevas siete maravillas del mundo moderno, aunque no fue elegida a formar parte del grupo.
 
Es una ciudad palaciega que para comprenderla y amarla hay que mirarla con los ojos del alma. Sentarse en cualquier banco de los jardines del Generalife, cerrar los ojos y oír los murmullos del agua que siempre discurre por los múltiples canelillos que afloran de todas partes.

Pararse en todos y cada uno de los salones de los palacios nazaríes y extasiarse ante el perfecto trabajo del arte andalusí, junto a una pequeña escalera que te lleva de torre a otra.

También hay que sumergirse en el antiguo y suntuoso Hamman y admirar lo que los nazaríes sabían hacer combinando el agua con el mármol, el mosaico y el perfume.

Si el visitante ha conocido bien la Alhambra, que no se extrañe si al volver a su país de origen siente un vacío en su interior, porque quien ha visto la Alhambra queda siempre prendado de ella.

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